Enrique Mora Alvarado / Filiberto Viteri Chávez / Ignacio De Teresa Fernández-Casas
La reciente pandemia ha señalado objetivos para nuestro hábitat a nivel global: cómo poder compartir nuestra vivienda, producir desde casa, o compartir la calle o la azotea con nuestros vecinos. Estas cuestiones, puestas sobre la mesa tras la actual crisis, han sido abordadas desde hace décadas en contextos de crisis continua, como es el caso de la vivienda informal. Los bajos e irregulares ingresos fuerzan en estos casos a convivir bajo el mismo techo a varios núcleos familiares, llevándoles a transformar la vivienda al ritmo de las transformaciones que sufre la familia. Esta forzosa convivencia se extiende a su vez a escala urbana, ya que los barrios de vivienda informal quedan normalmente marginados y confinados dentro de la ciudad. La investigación analiza la respuesta que dan las viviendas, a escala de casa y de barrio, a esta necesidad de cohabitar en condiciones de confinamiento, en un marco de informalidad en el que las posibilidades de transformación son autogestionadas por la comunidad. El artículo se centra en un barrio de vivienda informal ya consolidada de la ciudad de Guayaquil, Santa María de las Lomas, en el que se analizan, a través de varios casos de estudio, las transformaciones que sufren las viviendas para permitir la convivencia e interacción entre sus habitantes. Para ello se ha comparado el uso que hacen de la casa y de su entorno próximo a lo largo del día los diferentes núcleos familiares, y la transformación paralela que experimenta la vivienda. Se han realizado entrevistas a los usuarios y se han dibujado mapas de actividad del interior y exterior de las viviendas, que permiten identificar un hábitat en el que la casa está formada por un sistema de objetos, cuya capacidad para reagruparse en diferentes conjuntos, incorporar o quitar elementos, y desplazarlos dentro y fuera, permite aliarse con las transformaciones sociales que demandan las familias.